Argentina

Messi le dice al Barcelona que no regresa

Leo Messi ha comunicado hoy su intención de dejar el Barça. A través de un burofax remitido a los servicios jurídicos del club azulgrana, el jugador argentino explica su decisión de activar la cláusula que le permite salir de la entidad azulgrana a final de cada temporada, un término difícil de delimitar ahora mismo y que supondrá un litigio con el FC Barcelona.

Inicialmente, el capitán barcelonista tenía tiempo para activar la cláusula hasta el 31 de mayo, fecha que se entendía como final de la temporada 2019-2020. El curso, sin embargo, se ha prolongado hasta el 23 de agosto con la disputa de la Champions. Messi entiende por tanto que queda libre mientras la directiva considera que el plazo caducó el 10 de junio.

Hay varios clubes que estaban a la espera de la decisión de Messi. El Manchester City elaboró hace tiempo un informe fácil de actualizar sobre la viabilidad económica del fichaje del argentino si el jugador decidía abandonar un día el Barcelona. Ambas partes llegaron incluso a conversar en 2013 y 2016 cuando el futbolista dudaba sobre su continuidad en el Camp Nou. El 10 dio un paso atrás en las dos ocasiones y, desde entonces, el club inglés no ha querido saber nada más de supuestos, condicionado además por la voluntad del entrenador Pep Guardiola y el secretario técnico Txiki Begiristáin, los dos con pasado azulgrana, de no entrar en conflicto con el Barça.

El City no es el único interesado en saber qué quiere Messi. También se especula con el interés de Manchester United, el Paris Saint Germain y el Inter. Todos coinciden en cualquier caso en que quien tiene que mover ficha ahora es el argentino después de advertir que se sentía más dentro que fuera del Barça en una conversación con Ronald Koeman y comunicar su deseo de abandonar el Camp Nou. Al capitán no le entusiasmó lo que le esperaba después de entrevistarse con el técnico holandés: sería el líder y encontraría su sitio en el Camp Nou. El espacio, sin embargo, iba a ser distinto porque ha cambiado el orden, las circunstancias y hasta los amigos desde el anuncio de despido de Luis Suárez.

Al último año de mandato de la actual directiva ya solo le queda el escudo de Messi, y había serias sospechas sobre su uso después del trato recibido por Johan Cruyff y Pep Guardiola. Acostumbra a ocurrir cuando los que gobiernan la entidad se olvidan de su función de posibilistas y quieren ser más protagonistas que los jugadores, como si su mandato fuera único en un momento único con un equipo único, el mejor de la historia del Barça. Incluso el eslogan electoral de Bartomeu fue coyuntural: “Tenemos triplete, tenemos tridente”, proclamó dichoso en 2015.

El tridente ya es historia; solo quedaba Messi. Nadie hablará más tampoco del mejor equipo del mundo, del estilo y de la Masia, después del 2-8. Tampoco procede presumir del més que un club cuando se ha liquidado a Luis Suárez, tercer máximo goleador azulgrana, con una llamada por teléfono de Koeman. La regresión ha sido manifiesta, progresiva y hasta denunciada por Messi desde la Champions de Berlín. Bartomeu ha tenido tiempo para corregirse y, sin embargo, el Barça ha ido a peor hasta el desplome ante e Bayern Múnich de Thiago.

El Barcelona se ha aguantado mientras por Messi. El problema es que el desgobierno de la junta favoreció la autogestión del vestuario alrededor del 10. Un ejercicio de supervivencia, suficiente para dominar las competiciones domésticas hasta la última temporada y decisivo también para la formación de un ecosistema que ha marcado el modo de vida y también de juego del Barça. La integración en el vestuario no ha sido fácil para los jugadores y los entrenadores llegados desde la salida de figuras institucionales como Puyol, Xavi o Iniesta.

Messi ha asumido el rol de cuantos se han ido y han llegado hasta que se ha preguntado por su destino desde Lisboa. El desgaste ha sido mayúsuculo y su obra es tan majestuosa que se ha ganado el derecho a decidir y por tanto a poner punto y final cuando quiera a su vida en el Barça. Hay quien suspira porque la partida sea pronto para evitar así que sea maltratado por la máquina autodestructiva azulgrana que condiciona los cambios naturales en el Camp Nou. También se cuentan quienes advierten una oportunidad única para honrar su pasado con una decisión solemne y seguir la senda de Iniesta, Alves, Mascherano, Neymar y Xavi. Todos los que formaron en la alineación campeona continental de 20015 han salido del club por voluntad propia, aburridos por el mal meter de la junta de Bartomeu

El propio Messi preparó su plan para escapar porque no se fiaba de la junta cuando renovó en 2017. Tiene una cláusula que le permite abandonar el club a final de cada temporada y es conocido que paralizó las conversaciones para renovar el acuerdo que expira en 2021. Hay, ciertamente, una contrapartida: su libertad cuesta 700 millones y una ficha de unos 50 millones netos cuando quedará libra para negociar en enero de 2021.

Ahora ha utilizado una vía no prevista: la fecha de caducidad de la cláusula de escape que sitúa en contencioso en el limbo. Messi, de momento, ha marcado el terreno: no solo no piensa en acudir el domingo a la concentración de la plantilla ni tampoco en volver al Barça.

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