Futbol Mundial.-A unos cuantos meses de que ruede el balón en la Copa del Mundo 2026, una sombra de duda se proyecta desde Europa sobre el histórico Estadio Azteca (actualmente denominado Estadio Banorte por motivos de patrocinio). Un sector de la prensa deportiva en Inglaterra ha comenzado a expresar su profunda preocupación por el ritmo de los trabajos de remodelación del mítico recinto de la Ciudad de México.

¿Por qué le preocupa a Inglaterra el Estadio Azteca? La inquietud británica no es una simple curiosidad arquitectónica, sino que tiene un motivo deportivo de peso. De acuerdo con las proyecciones y los cruces del torneo, la selección de los Three Lions podría, en un hipotético pero muy probable escenario, disputar un partido crucial de la segunda fase (rondas de eliminación directa) en la capital mexicana. Ante esta posibilidad, los tabloides y analistas ingleses cuestionan si las instalaciones estarán terminadas al cien por ciento y si ofrecerán las garantías logísticas y de seguridad que exige un evento de esta magnitud.
El reloj no perdona: 11 de junio La presión sobre los organizadores mexicanos es asfixiante. El «Coloso de Santa Úrsula» tiene una cita ineludible con la historia el próximo 11 de junio, fecha en la que albergará la gran inauguración del Mundial 2026 con el esperado duelo entre México y Sudáfrica.

Este recinto no es un escenario cualquiera. Es un verdadero templo del fútbol global, a punto de convertirse en el único estadio en el planeta en ser sede de tres Copas del Mundo, tras haber sido el teatro donde se consagraron Pelé en 1970 y Diego Armando Maradona en 1986. Sin embargo, en Europa señalan que el peso de la historia no levanta andamios ni acelera las construcciones.
La sombra del conflicto por los palcos Para echar más leña al fuego del escepticismo internacional, la remodelación estuvo envuelta en un tenso conflicto legal y administrativo: la polémica con los titulares de los palcos privados.

Durante meses, los dueños de estos espacios se enfrentaron a la administración del estadio por sus derechos de acceso durante la justa mundialista de la FIFA. Aunque recientemente se anunció con bombo y platillo que se había llegado a un acuerdo para destrabar el problema, los términos reales de la negociación no quedaron del todo claros y se manejaron con cierta opacidad. Esta falta de transparencia solo ha alimentado las dudas desde el extranjero sobre la gestión general del proyecto.

Con la mirada del mundo puesta sobre la Ciudad de México, el Estadio Banorte enfrenta la recta final de su transformación. La promesa es entregar un recinto de primer mundo que respete su legado, pero la pregunta sigue en el aire: ¿Estará listo para callar las críticas o los temores de la prensa inglesa se volverán realidad?