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Rivelino: El bigote inconfundible y el nacimiento mágico de la ‘elástica’

Carlos Armando Torres Bujanda Jun 28, 2026 3 min read

Hubo una época dorada en la que el fútbol no se medía por la cantidad de seguidores en redes sociales, ni por los contratos multimillonarios o las campañas de marketing. Se medía por la pura personalidad sobre el terreno de juego. Y en ese rubro, muy pocos podían sentarse en la misma mesa que él. Un bigote imponente que dictaba autoridad, una pierna izquierda que parecía un auténtico cañón, y una jugada patentada que cambió la historia del deporte rey para siempre.

El bigote más respetado del fútbol mundial

Hablamos, por supuesto, del legendario Roberto Rivelino. En la gloriosa década de los 70, y especialmente durante la consagración del «Jogo Bonito» en el mítico Mundial de México 1970, su apariencia física se convirtió en un ícono de la cultura popular.

Su bigote no era simplemente vello facial; era un símbolo absoluto de respeto y jerarquía. Una marca registrada que imponía pánico en los defensas rivales mucho antes de que el árbitro siquiera se llevara el silbato a la boca. Compartiendo la cancha, la magia y las sonrisas con leyendas de la talla de Pelé, Jairzinho o Tostão, Rivelino enfundado en la camiseta amarilla de la Selección de Brasil era una visión imponente.

Si estabas en la defensa y veías ese bigote acercarse hacia ti a toda velocidad con el balón pegado al pie, sabías de antemano que estabas en serios problemas. No por nada su potentísima pierna izquierda se ganó el apodo de la «Patada Atómica».

El nacimiento de una obra de arte: «La Elástica»

Sin embargo, su verdadera magia no residía en su rostro, sino en el talento inagotable de sus pies. Rivelino no solo era potencia pura; era un prestidigitador del balón. Fue él quien perfeccionó y catapultó a la fama mundial una de las obras de arte más hermosas, efectivas y humillantes del fútbol: «la elástica».

Este movimiento quirúrgico consistía en un engaño letal que parecía desafiar las leyes de la física. En fracciones de segundo, Rivelino amagaba con llevarse el balón hacia afuera usando la parte externa del botín. El defensa, convencido, mordía el anzuelo y desplazaba su peso. Entonces, en un movimiento continuo, mágico y fulminante, el brasileño cambiaba la trayectoria hacia adentro con la parte interna del pie.

  • El esférico parecía estar atado a su bota por un resorte invisible.
  • El resultado era invariable: el defensor quedaba completamente quebrado, con la cadera rota y perdido en el césped, mientras Rivelino continuaba su marcha hacia el arco.

Un legado de engaño puro

Fue engaño puro. Una finta perfecta que demostraba que el fútbol sudamericano era, ante todo, arte en movimiento. Un regate tan letal y revolucionario que trascendió generaciones. Décadas después de que Rivelino humillara a sus rivales en el Corinthians o el Fluminense, este mismo movimiento sirvió de inspiración directa para genios contemporáneos.

Jugadores como Ronaldo Nazário, Ronaldinho y Cristiano Ronaldo la adoptaron y deslumbraron al mundo moderno con ella, pero todos saben de dónde viene la patente.

Roberto Rivelino demostró que para ser eterno en el fútbol se necesita mucho más que solo ganar trofeos; se necesita estilo, una zurda prodigiosa que invente trucos imposibles y, por supuesto, un bigote que el mundo jamás olvidará.

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