ZÚRICH — Lo que durante décadas fue un rumor en los pasillos, hoy es una propuesta sobre la mesa: la FIFA está dispuesta a abrirle la puerta al capital privado para comercializar el deporte más popular del mundo. Con la promesa de «reinvertir» en el balompié, el organismo presidido por Gianni Infantino busca transformar el fútbol en una empresa de inversión corporativa, desatando una guerra civil inmediata con las altas esferas de Europa.
Bajo la excusa de modernizar sus estructuras comerciales, la FIFA ha puesto a rodar un balón muy peligroso, donde los derechos de los aficionados y la esencia del juego podrían quedar subordinados a los intereses de Wall Street y de figuras estrechamente ligadas a la élite política estadounidense.
La creación de «FIFA Forward Enterprise»
La jugada maestra de Infantino se llama FIFA Forward Enterprise (FFE), una nueva filial diseñada para agrupar y monopolizar el verdadero tesoro de la organización: los derechos de transmisión, los patrocinios, la venta de entradas, las licencias y la gestión operativa de todos sus torneos (femeninos, masculinos y juveniles).
Para convencer a las 211 asociaciones miembro de aprobar esta privatización parcial, la FIFA ha lanzado un jugoso anzuelo económico. De aprobarse el proyecto, cada asociación nacional recibiría:
- $20 millones de dólares en financiación para proyectos especiales bajo un nuevo «Programa FIFA Fast-Forward».
- $20 millones de dólares adicionales del programa Forward tradicional para el ciclo 2027-2030 (un aumento brutal frente a los $8 millones presupuestados actualmente).
Según el discurso de Infantino, la meta es que el área comercial opere «como una empresa enfocada y especializada», asegurando que la FIFA mantendría el control total sobre el reglamento, el calendario y las decisiones puramente deportivas. Sin embargo, cuando hay miles de millones en juego, la barrera entre lo deportivo y lo comercial suele desaparecer.
El factor Trump: ¿Quiénes son los compradores?
El plan de la FIFA es recaudar hasta 4,200 millones de dólares para finales de este año vendiendo participaciones minoritarias de esta nueva filial. Pero lo que ha encendido las alarmas no es solo la cifra, sino de dónde provendría el dinero.
El principal candidato para liderar esta inyección de capital es Thrive Eternal, una sociedad de inversión de capital permanente. El detalle crítico es su fundador: Josh Kushner. Josh es hijo de Charles Kushner (actual embajador de Estados Unidos en Francia) y hermano de Jared Kushner, yerno y exasesor de primer nivel del presidente estadounidense Donald Trump. La incursión de capitales con vínculos políticos tan marcados en la gobernanza del fútbol mundial plantea serias dudas sobre la imparcialidad y los verdaderos intereses detrás de la operación.
La UEFA estalla: «El fútbol no es un activo para negociar»
La respuesta desde el Viejo Continente no se hizo esperar. Tras filtraciones en medios británicos que sugerían que Infantino incluso contemplaba «vender lugares» en la Copa del Mundo, la UEFA emitió un rechazo absoluto y frontal a la iniciativa, advirtiendo sobre la falta de transparencia del proyecto.
En un comunicado que marca un antes y un después en sus relaciones diplomáticas con la FIFA, el organismo europeo sentenció:
«Esto cruza una línea que las instituciones rectoras del fútbol no deberían cruzar. El alma y la gobernanza del fútbol no son activos para negociar, especialmente cuando existe cero transparencia sobre quién obtiene beneficios económicos.»
Para la UEFA, la advertencia es clara y hace un llamado de auxilio a clubes, ligas, jugadores y aficionados para frenar lo que consideran un secuestro del deporte:
«Ninguno de nosotros es dueño del fútbol. No le corresponde a la FIFA venderlo».
La guerra de despachos ha comenzado. En las próximas semanas, las 211 federaciones tendrán que decidir si aceptan los 40 millones de dólares que ofrece Infantino o si, por el contrario, escuchan las advertencias de la UEFA y evitan que el fútbol mundial termine cotizando en la bolsa de valores bajo la sombra de la política estadounidense.
