Futbol Mundial.- Rodolfo Zapata recorrió África y Asia siguiendo su pasión por el fútbol. Salvó a un equipo del descenso en Ruanda, convivió con rituales insólitos y hoy dirige en una de las ligas más particulares del planeta.
El fútbol puede llevar a lugares que pocos imaginan. Para Rodolfo Zapata, entrenador argentino de 60 años, la pasión por este deporte se convirtió en un pasaporte hacia culturas, estadios y experiencias que difícilmente olvidará. Hijo del reconocido cantante del mismo nombre, actualmente dirige al Thimphu City de Bután, un país asiático cuya liga es considerada por la FIFA como la de mayor promedio de altitud del mundo.
Pero antes de llegar a ese destino, Zapata acumuló historias extraordinarias. Desde recorrer varios países para hacerse cargo de un equipo en peligro de descender hasta encontrarse con rituales de magia negra en el fútbol africano, su carrera parece sacada de una película.
En una entrevista con el diario Olé, el técnico recordó una de sus experiencias más intensas: su paso por el Mukura Victory Sports de Ruanda, donde consiguió mantener al equipo en la máxima categoría.
«Fue en Ruanda, con el Mukura Victory Sports. Las conexiones desde Buenos Aires hacia África no son fáciles: hice Argentina, Brasil, Irlanda y Burundi para llegar, más de 48 horas de viaje. Valió la pena porque evitamos el descenso», le contó Zapata a Olé.
Y aquel recorrido no sería el más largo. Su llegada a Bután le demandó nada menos que 72 horas de viaje, en una travesía condicionada por el cierre del aeropuerto de Dubái debido a la guerra.
Rituales, velas y decisiones inesperadas en África

La experiencia africana también lo enfrentó a costumbres que nunca había vivido en una cancha. Aunque admite que no cree en los rituales, Zapata recuerda cómo esas prácticas formaban parte del ambiente previo a algunos encuentros.
«Antes de los partidos desparramaban un líquido en los arcos y a veces llegábamos al vestuario y lo encontrábamos lleno de velas. Yo decidía volver al micro y cambiarnos ahí», comentó el entrenador, quien explicó que permitía que esas prácticas se realizaran, aunque prefería mantener a su equipo al margen.
Su carrera lo llevó por Nigeria, Sudáfrica, Botsuana, Kenia y Ruanda, además de una experiencia en Jamaica y un paso por la selección sub-20 de Fiji. En Sudáfrica también tuvo la misión de evitar el descenso, un desafío que, según explicó, exige pragmatismo y capacidad para recuperar la confianza de los futbolistas.
Bután: monjes en las tribunas y estadios a 2.300 metros
En Asia, Zapata descubrió un entorno completamente diferente. La cultura budista, la presencia de monjes entre los aficionados y la arquitectura de los estadios forman parte de una experiencia que lo sorprendió desde su llegada.
«Bután tiene la diferencia de que es un país budista. A diferencia de Argentina, acá no hay barras. Entre los hinchas hay muchísimos monjes que bajan caminando de los templos de la montaña para alentar al equipo. Ver la tribuna con tantos monjes es algo que nunca me voy a olvidar. Los estadios tienen palcos VIP con forma de templos», relató a Olé.
El técnico también destacó el nivel futbolístico que encontró y una apuesta particular por el desarrollo de jóvenes: la selección sub-20 participa en la liga profesional como un equipo más, enfrentándose durante toda la temporada a clubes de mayores.
«Me llevé una grata sorpresa en el fútbol butanés: la Sub 20 participa de la liga profesional como un equipo más, algo impensado en Argentina, para promover el desarrollo de los jóvenes locales compitiendo con equipos profesionales durante todo el año. Técnicamente son muy buenos, quizás les falta un poco de la picardía argentina. El deporte nacional es el tiro con arco, pero el fútbol está creciendo y se vive con muchísima pasión. Además, la liga tiene una particularidad: es considerada por la FIFA como la de mayor promedio de altitud del mundo. En Perú o Bolivia hay estadios en el llano, acá no. El mínimo es de 2.300 metros sobre el nivel del mar».
Un argentino que encuentra su lugar en el mundo

A pesar de haber trabajado en países muy diferentes, Zapata guarda un recuerdo positivo de cada experiencia. Su recorrido internacional le permitió conocer otras formas de entender el fútbol y adaptarse a realidades culturales muy distintas.
«No, volvería a todos. En todos me trataron de manera fantástica y cada país tiene su encanto. Pero como tengo la doble ciudadanía, la argentina y la estadounidense, mis lugares en el mundo son Buenos Aires, Nueva York y Los Ángeles. El ser argentino, de forma inevitable, te lleva al vínculo con Maradona y Messi. Hay un reconocimiento mundial por ambos. Es emocionante ver chicos con la camiseta de Leo y el recuerdo que tienen los más grandes de Diego».
Desde las exigencias de África hasta los templos de Bután, la historia de Rodolfo Zapata demuestra que el fútbol no conoce fronteras. A veces, para cumplir una misión en el deporte, hay que recorrer medio mundo, aprender de otras culturas y encontrar soluciones en los escenarios más inesperados.
