Luego de la euforia desatada por la victoria de 2-0 sobre Ecuador que rompió una sequía de cuatro décadas, el director técnico de la Selección Mexicana, Javier Aguirre, optó por la mesura. Sin embargo, no dudó en encender las alarmas de la exigencia al calificar el próximo duelo de octavos de final como «el partido más importante» en la historia del balompié nacional.
El próximo domingo 5 de julio, México se jugará la vida ante el ganador de la llave entre Inglaterra y la República Democrática del Congo. Consciente de lo que está en juego, el «Vasco» analizó fríamente el triunfo ante los sudamericanos, manteniendo los pies en la tierra mientras todo un país celebra.
Humildad, sufrimiento y el análisis táctico
Lejos de los triunfalismos, el estratega mexicano reconoció que el equipo mostró dos caras distintas en el terreno de juego. Mientras que el primer tiempo rozó la perfección táctica y se reflejó en el marcador, el complemento obligó al Tri a replegarse y sufrir.
«Una muy buena primera parte y una segunda en la que supimos ser humildes y correr tras la pelota. La contra estaba clarísima para buscar un golito más, pero no se puede ser perfecto», admitió Aguirre en entrevista con la cadena Televisa al finalizar el encuentro.
El técnico reconoció que la estrategia del contragolpe en los segundos 45 minutos no tuvo la contundencia esperada, pero valoró el esfuerzo defensivo de sus jugadores para mantener el arco en cero y asegurar la clasificación.
La comunión con la afición y el desgaste de las figuras
El triunfo también ha consolidado un puente inquebrantable entre el equipo y la afición azteca, reviviendo la famosa consigna del «¿y si sí?». Aunque Aguirre se mantiene alejado del ruido digital, el apoyo en las gradas no ha pasado desapercibido. «No tengo redes sociales, pero a juzgar por el ambiente, sí que estoy convencido de que hay una comunión. Vamos de la mano y vamos bien», aseguró.
Por otro lado, el «Vasco» despejó la mayor polémica del encuentro: la sorpresiva salida del joven Gilberto Mora, quien estaba siendo el motor de la claridad ofensiva del equipo, y el visible agotamiento del goleador Julián Quiñones. Fiel a su estilo frontal, el entrenador explicó que los cambios fueron estrictamente físicos.
«Lástima que se le acaba la gasolina, pero es un niño; no le podemos pedir más de lo que da», explicó sobre Mora. «No nos sobra nada y corrimos mucho. A Gil ya le estaba costando, lo mismo que a Julián».
Ahora, con las piernas cansadas pero el ánimo a tope, México tiene unos días para recuperar el aliento antes de encarar la prueba de fuego definitiva este domingo.
