Lo que debía ser un partido de futbol juvenil terminó convirtiéndose en uno de los episodios más insólitos de la historia de este deporte. Un encuentro de la categoría Sub-20 en Brasil registró nada menos que 53 expulsiones después de que jugadores, integrantes de los cuerpos técnicos y directivos protagonizaran una batalla campal.
Los hechos ocurrieron el domingo 1 de noviembre, durante el partido de ida de las semifinales del Campeonato Mineiro Sub-20, entre Uberlândia y Mamoré, disputado en el estadio Parque do Sabiá.
El encuentro terminó envuelto en el caos cuando Mamoré consiguió ponerse adelante 3-1. De acuerdo con los reportes del árbitro Fernando Patrick Drosghic Modesto, los problemas comenzaron desde la segunda mitad, luego de que integrantes de Uberlândia ingresaran al terreno de juego tras la expulsión de uno de sus futbolistas.
La situación se agravó después de que un jugador de Mamoré celebrara el tercer tanto provocando a sus adversarios. Aquello desató una confrontación generalizada en la que participaron futbolistas y miembros de ambos equipos.
La violencia fue de tal magnitud que el encuentro tuvo que detenerse durante aproximadamente 40 minutos antes de reanudarse. Sin embargo, el nuevo gol de Mamoré volvió a encender los ánimos y terminó por desencadenar una pelea que obligó al silbante a dar por concluido el compromiso.
El saldo disciplinario fue impresionante: 43 jugadores, ocho integrantes de los cuerpos técnicos y dos directivos de Uberlândia recibieron tarjetas rojas, para alcanzar un total de 53 expulsiones.
En su informe, el árbitro explicó que la magnitud del enfrentamiento hizo imposible mostrar todas las tarjetas y completar el protocolo habitual para finalizar el encuentro debido al desorden y la falta de condiciones de seguridad.
La cifra superó ampliamente el anterior registro de 36 tarjetas rojas, establecido en 2011 durante un partido de la quinta división argentina entre Atlético Claypole y Victoriano Arenas.
Pero el episodio todavía tendría consecuencias deportivas. Uberlândia anunció que no disputaría el partido de vuelta de la semifinal, argumentando que Mamoré no contaba con suficientes futbolistas habilitados para presentar un equipo.
De esta manera, Mamoré avanzó a la final de la competencia, mientras que un encuentro que debía servir para definir a uno de los finalistas terminó dando la vuelta al mundo por una cifra que parece imposible de conseguir en una cancha de futbol.
