La Selección de Costa Rica se fue por la puerta de atrás del Mundial Femenil Sub-20 en Polonia. Tres partidos, tres dolorosas derrotas y a hacer maletas de regreso a casa. Sin embargo, en medio del fracaso colectivo del equipo tico, emergió una realidad que vale más que cualquier trofeo: el brutal talento de Nubia Medina, una delantera de apenas 16 años que, mientras otras van a la preparatoria, ya está jugando su segunda Copa del Mundo juvenil de la FIFA.

Lejos de los lujos, los patrocinadores y las canchas perfectas, Nubia se forjó en el barro de la Isla de Chira. Creció jugando descalza, en tenis o con botines rotos, repartiendo talento en equipos de niños porque simplemente no había lugar para niñas. A punta de goles y rebeldía, obligó al destino a mirarla. Cuando el técnico Greivin Moscoso fue a verla, la puso a jugar contra adultas; Nubia respondió clavando un ‘hat-trick’ que le cambió la vida.

El sacrificio fue monumental. Su madre la acompañaba a diario en un viaje de 105 kilómetros hasta Jacó para jugar con las Escorpiones de Garabito, hasta que una familia local la acogió. Fue ahí donde conoció lo que era estrenar: «Me dieron mi primer par de zapatos de fútbol nuevos. ¡Estaba tan feliz que no pude dormir esa noche!», recuerda la atacante, quien nunca ha olvidado sus raíces.
Ese diamante en bruto no tardó en ser pulido. El Programa de Desarrollo de Talentos de la FIFA la captó antes de los 12 años y su ascenso fue una locura. En 2025, se convirtió en la jugadora más joven en ir al Mundial Sub-17 en Marruecos. Un año después, y con un cambio físico y mental impresionante, la entrenadora Patricia Aguilar le dio la confianza para ser titular indiscutible en el Sub-20 de Polonia 2026.

Las ticas se habrán despedido del torneo sin sumar un solo punto, pero el fútbol costarricense encontró a su referente del futuro. Forjada en la carencia y curtida en los golpes, Nubia tiene claro su mensaje: «Luchen por sus sueños y crean en sí mismas. ¡El fútbol es lo más hermoso del mundo!». Que nadie la pierda de vista, porque esta joya amenaza con ser la próxima gran pesadilla de la Concacaf.
