Tras un debut mundialista que desató una tormenta de críticas y dudas, Mikel Oyarzabal regresó este domingo a la cancha del Atlanta Stadium con auténtica sed de revancha. Y vaya que la consiguió.
El lunes pasado, frente a Cabo Verde, el delantero español fue crucificado al convertirse en el primer jugador desde 1966 en no registrar un solo toque de balón durante los primeros 30 minutos de un partido mundialista. Casi una semana después, el atacante silenció a todos sus detractores y reescribió los libros de historia liderando la aplastante goleada de 4-0 de La Roja sobre Arabia Saudita.
Unos 25 minutos de auténtica locura

Oyarzabal pasó del infierno al Olimpo en un abrir y cerrar de ojos. Con dos goles y una asistencia, se convirtió en apenas el segundo jugador en toda la historia de las Copas del Mundo en generar tres anotaciones en los primeros 25 minutos de un partido. Nadie lograba semejante hazaña desde el húngaro László Fazekas en el Mundial de 1982.
Su exhibición y redención comenzó temprano. Al minuto 10, sirvió un centro profundo milimétrico para que el fenómeno de 18 años, Lamine Yamal, abriera el marcador. Después, Oyarzabal tomó el control total y facturó un doblete fulminante en un lapso de apenas tres minutos (al 21′ y al 24′), mandando a España al descanso con un humillante 3-0 a su favor.
Terminó su espectacular participación con cinco disparos (tres a puerta) en solo 45 minutos disputados.
«Sus números son una locura»
El seleccionador español, Luis de la Fuente, no ocultó su orgullo y salió en defensa de su pupilo tras la lluvia de críticas recientes: «El impacto que Mikel tiene en el equipo es masivo, probablemente más grande que cualquier otro jugador en el mundo. Estoy convencido de que es un futbolista que puede hacer historia en el fútbol español. Sus números son una locura, así que celebro su actuación y, con suerte, seremos capaces de valorarlo como se merece».
Limpiando el orgullo de La Roja

En un Mundial de altibajos extremos, el jugador de 29 años, nacido en Eibar, restó importancia a sus marcas individuales y priorizó la recuperación anímica del equipo.
«Al final, es una anécdota», confesó Oyarzabal tras el silbatazo. «No le doy ninguna importancia. Es lo que es. Estoy feliz de haber marcado, de haber ayudado. De una forma u otra, siempre intento hacer lo mejor para la selección».
Más que los récords, lo que realmente urgía en el campamento español era limpiar la imagen dejada en el debut. «Cuando no haces las cosas bien y no te salen, te criticas a ti mismo, miras hacia adentro para intentar mejorar. Sabíamos que podíamos hacerlo mucho mejor que el otro día. Teníamos muchas ganas de darle la vuelta. Era muy importante empezar con el pie derecho hoy, y eso es lo que pasó» , concluyó el héroe de la tarde.
