La Copa del Mundo no solo se juega en la cancha; también se vive en las calles, en las gradas y, sobre todo, en las redes sociales. Como en cada edición, el Mundial 2026 nos está regalando historias fascinantes que superan la ficción. Desde héroes anónimos que se vuelven superestrellas de la noche a la mañana, hasta cábalas insólitas y consumos épicos en bares locales.
Si estás buscando el lado B del torneo, aquí te presentamos las cinco cosas más locas y curiosas que nos ha dejado la justa mundialista.
1. El ex taxista que amargó a España y rompió Instagram

Nadie apostaba por un empate 0-0 entre Cabo Verde y una Selección de España valorada en más de $850 millones de dólares. El gran culpable de la hazaña fue Josimar «Vozinha» Dias, un veterano arquero de 40 años que se convirtió en una auténtica muralla con siete atajadas determinantes.
La historia de «Vozinha» (apodo que nació en su infancia porque corría a esconderse con su abuela) es de película: antes de debutar profesionalmente a los 25 años, combinaba el fútbol con el manejo de taxis y trabajos de electricista. Previo al torneo, su ficha en el GD Chaves de la segunda división portuguesa valía apenas $53,500 dólares. Hoy, cuenta con murales gigantes en las calles de Praia y su cuenta de Instagram explotó de 50 mil a más de 11 millones de seguidores.
2. Merlín: El pato mexicano con alma de hincha

Olvídate de las mascotas tradicionales auspiciadas por marcas. En la Ciudad de México, la verdadera celebridad rumbo a los partidos del «Tri» es un pato de dos años llamado Merlín. Vestido impecablemente con una camiseta adaptada de la Selección Mexicana, esta peculiar ave se pasea por el emblemático Palacio de Bellas Artes atrayendo a decenas de admiradores. Su carisma lo ha convertido en un fenómeno viral en TikTok e Instagram, mezclando la ternura con el furor futbolero y consagrándolo como el embajador no oficial más querido de México.
3. Los escoceses dejan a Boston sin cerveza

La famosa «Tartan Army» (afición escocesa) llegó a Estados Unidos con sed de triunfo y, literalmente, sed de cerveza. En sus primeros días en Boston, los europeos consumieron tanto que dejaron secos a bares emblemáticos como el White Bull Tavern y el Samuel Adams Downtown Boston Taproom.
Para ponerlo en perspectiva: en solo cuatro días se bebieron más de 3,000 vasos, cuadruplicando el volumen de un fin de semana festivo normal. Empleados de locales aseguraron que superaron con creces las ventas del Día de San Patricio. La situación fue tan extrema que la cervecera Boston Beer Co. tuvo que hacer envíos de emergencia en camiones para reponer 70 barriles vacíos.
4. El milagro viral que llevó a Tim Payne a Paraguay

El poder del internet en su máxima expresión. Tim Payne, defensor de la selección de Nueva Zelanda, pasó de ser un jugador de perfil bajo en el Wellington Phoenix oceánico a una superestrella digital, saltando de 4,700 a casi 6 millones de seguidores. ¿La razón? Una gigantesca campaña viral orquestada por el influencer argentino Valentín Scarsini («El Scarso»).
Este tremendo boom mediático, sumado a su buena actuación como titular en el empate 2-2 frente a Irán, hizo que el histórico Club Olimpia de Paraguay pusiera sus ojos en él. El «Decano» pagó cerca de $500,000 dólares para ficharlo de cara a la Copa Sudamericana y la anhelada Copa Libertadores 2027.
5. La implacable «maldición de Rocky» en Filadelfia

La icónica estatua de Rocky Balboa se ha convertido en el nuevo gran tabú del fútbol. Previo a su duelo contra Costa de Marfil, los aficionados de Ecuador armaron un espectacular «banderazo» en las escalinatas del Museo de Arte en Filadelfia. A alguien se le ocurrió vestir a la estatua con la camiseta de «La Tri», olvidando la supuesta maldición deportiva de la ciudad. ¿El resultado en la cancha? Perdieron 1-0 ante los marfileños.
La lección corrió como la pólvora en Sudamérica. Días después, la afición de Brasil tuvo su propia fiesta en el mismo lugar antes de jugar contra Haití. Sabiendo de la maldición, se aseguraron de no acercar su indumentaria verdeamarela al boxeador; en su lugar, le colocaron estratégicamente una camiseta de Argentina para intentar «salar» a sus acérrimos rivales.
