Futbol Mundial.– El futbol pasó a un segundo plano para la selección nacional femenil de Irán. Tras caer 2-0 frente a Filipinas este domingo y quedar matemáticamente eliminadas en la fase de grupos de la Copa Asiática Femenina, las jugadoras enfrentan un escenario mucho más aterrador que cualquier derrota en la cancha: el regreso a un país que se encuentra sumido en una guerra.
El equipo asiático llegó a Australia el mes pasado, semanas antes de que estallara el conflicto bélico derivado de los ataques de Estados Unidos e Israel el 28 de febrero. Habitualmente, las escuadras eliminadas regresan a casa en cuestión de días, pero hasta el momento, los organizadores no han anunciado los detalles de partida para la delegación iraní.
El contraste: El deseo de volver y el miedo en el ambiente
Las posturas alrededor del equipo han sido complejas. Por un lado, la entrenadora del conjunto iraní, Marziyeh Jafari, dejó clara su intención de regresar. «Quiero estar con mi país y mi hogar… Estamos ansiosas por volver», declaró en la conferencia de prensa posterior al partido, según la agencia nacional de noticias de Australia (AAP).
Sin embargo, el lenguaje corporal y las acciones de las jugadoras han contado una historia de profunda angustia. El miércoles pasado, la delantera Sara Didar contuvo las lágrimas frente a los micrófonos al compartir la preocupación del plantel por sus familias, amigos y todos los iraníes durante el conflicto.
A esto se suma el tenso episodio durante los himnos nacionales. En su partido inaugural contra Corea del Sur, el equipo guardó un sepulcral silencio, un acto que fue interpretado por muchos como resistencia y por otros como luto. Posteriormente, el equipo cantó el himno e hizo el saludo oficial previo a sus derrotas contra Australia (4-0) y Filipinas (2-0).
Presión social en Australia: «Salven a nuestras chicas»
El panorama que le espera a las futbolistas ha desatado una fuerte movilización en la sede del torneo. Ante los temores por la seguridad de las jugadoras tras recibir críticas en los medios de su país, el Consejo Australiano-Iraní envió una carta al Ministro del Interior de Australia, Tony Burke, exigiendo la protección del plantel.
La organización lanzó una petición en línea que superó las 50,000 firmas antes del silbatazo inicial del domingo. La demanda es clara: garantizar que ninguna integrante de la selección se vea obligada a salir de Australia mientras existan «temores creíbles por su seguridad», exigiendo además apoyo legal y traductores independientes.
La tensión llegó a las calles. La noche del domingo, decenas de manifestantes bloquearon el paso del autobús del equipo a su salida del estadio. Videos en redes sociales mostraron a la multitud coreando «déjenlas ir» y «salven a nuestras chicas» (save our girls), mientras la policía australiana abría paso al vehículo.
La postura del gobierno australiano
Las autoridades locales no han pasado por alto la situación. Aunque la Ministra de Relaciones Exteriores, Penny Wong, se negó a confirmar si el gobierno ha contactado individualmente a las jugadoras, sí expresó una profunda solidaridad.
«Ha sido realmente conmovedor para los australianos verlas aquí […] Sabemos que este régimen ha oprimido brutalmente a muchas mujeres iraníes», señaló Wong a la cadena ABC.
Por su parte, activistas como Tina Kordrostami, miembro del gobierno local en Sídney, han urgido a las autoridades a intervenir: «Las jugadoras necesitan un espacio seguro, la oportunidad de alzar la voz sobre cuáles son sus necesidades. No podemos darles ese espacio sin la ayuda del gobierno».
El torneo continental concluirá el próximo 21 de marzo, pero para la selección de Irán, el partido más difícil y angustiante apenas comienza fuera del terreno de juego.