La mera presencia de Romelu Lukaku en el terreno de juego fue suficiente para encender la chispa que Bélgica necesitaba. Apenas unos segundos después de ingresar de cambio, el potente delantero provocó la jugada del empate definitivo 1-1 frente a Egipto, en un tenso y emocionante duelo de la Copa del Mundo.
Lukaku entró al campo en el minuto 66, con los «Diablos Rojos» abajo en el marcador. Su impacto fue meteórico: tan solo 23 segundos después de pisar el césped, emprendió una carrera a toda velocidad por el centro del campo y se lanzó para rematar un centro cruzado desde la derecha. En su intento por despejar el inminente peligro, el defensa egipcio Mohamed Hany terminó enviando el balón al fondo de su propia portería, sellando el autogol que le dio vida a los europeos.
La ilusión egipcia que se esfumó
Los africanos habían soñado con la victoria desde el minuto 19, cuando Emam Ashour aprovechó un desajuste defensivo para poner el 1-0 parcial. Fue el primer gol internacional para el mediocampista, quien celebraba su partido número 30 con su selección. Esta anotación representó apenas la segunda vez en toda la historia que Egipto toma la ventaja en un partido mundialista.
Ambas escuadras tuvieron oportunidades de sobra para llevarse los tres puntos. Los «Faraones» dejaron ir varias chances claras para liquidar el encuentro cuando tenían la ventaja, mientras que en la recta final, estrellas como Kevin De Bruyne y el propio Lukaku bombardearon el área rival sin éxito.
Datos clave que deja el encuentro:
- La maldición de los Faraones: A pesar de haber dado un gran partido y de estar disputando su cuarta Copa del Mundo, Egipto sigue sin poder conocer la victoria en la historia del torneo.
- Fantasmas en Bélgica: Los «Diablos Rojos» no logran sacudirse las dudas tras su fracaso en Qatar 2022 (donde no superaron la fase de grupos) y con este resultado ya suman tres partidos consecutivos sin ganar en la máxima justa del fútbol.
