La Selección de Brasil recuperó la memoria y, con ella, la contundencia. Impulsados por un brillante Matheus Cunha y el desequilibrio de Vinícius Júnior, los pentacampeones del mundo superaron 3-0 a Haití este viernes por la noche en Filadelfia, asegurando una victoria vital y sentenciando la eliminación del conjunto caribeño de la Copa del Mundo 2026.
La redención de Matheus Cunha

El gran protagonista de la noche fue el delantero del Manchester United, Matheus Cunha. Tras el opaco empate 1-1 frente a Marruecos en el debut —donde el técnico Carlo Ancelotti tomó la sorpresiva decisión de dejarlo en la banca e ingresarlo tarde en el partido—, Cunha saltó como titular y demostró en el campo por qué merece su lugar en el once inicial.
Cunha hizo estallar a la multitud cuando empujó un rebote al fondo de la red para marcar el primer gol mundialista de su carrera. Minutos después, firmó su doblete con un soberbio zurdazo directo al ángulo superior izquierdo, dándole a la Seleção una cómoda ventaja de 2-0 antes del descanso. Sus eufóricas celebraciones deslizándose por el césped contagiaron a la marea amarilla que colmó las gradas.
El factor Vinícius y la preocupación por Raphinha

Vinícius Júnior orquestó los hilos en ofensiva, aportando un gol y una asistencia clave en la exhibición de Cunha para sellar el 3-0 definitivo.
Sin embargo, no todo fue alegría para el combinado sudamericano. Durante la primera mitad, el extremo Raphinha tuvo que abandonar el terreno de juego por una lesión, instantes después de que el árbitro le anulara un gol tempranero por fuera de juego, lo que silenció momentáneamente el ambiente festivo en el hogar de los Philadelphia Eagles.
Duelo de cánticos y el adiós de Haití

El Lincoln Financial Field fue una auténtica caldera con 68,324 espectadores. Los seguidores haitianos demostraron un amor incondicional por su equipo, bailando y entonando a todo pulmón «Grenadye Alaso» (Granaderos al ataque), su tradicional grito de guerra. En respuesta, la afición brasileña sacó a relucir su jerarquía histórica rindiendo tributo a su máximo ídolo: «¡Mil goles, mil goles, mil goles! ¡Solo Pelé, solo Pelé!».
El resultado marca un final agridulce para Haití. La nación caribeña, que había logrado clasificar a un Mundial por primera vez desde 1974, se convirtió oficialmente en el primer equipo garantizado sin posibilidades matemáticas de avanzar a la ronda de eliminación directa. Por su parte, el equipo de Carlo Ancelotti consiguió el respiro y la exhibición de autoridad que tanto necesitaba para encarar el cierre de la fase de grupos.
