Futbol Mundial.- En Filadelfia hay una regla no escrita que muchos aficionados ya conocen: a Rocky Balboa se le admira, se le toma una foto y se le imita levantando los brazos en señal de victoria, pero jamás se le viste con los colores de tu selección. Y los brasileños, por si acaso, decidieron no desafiar la suerte.
A horas del partido entre Brasil y Haití en la Copa del Mundo 2026, cientos de aficionados de la Verdeamarela visitaron la famosa estatua de Rocky ubicada frente al Museo de Arte de Filadelfia. Se tomaron selfies, cantaron, celebraron y posaron con sus camisetas amarillas, pero ninguno se atrevió a colocarle una sola prenda al legendario boxeador de bronce.
¿La razón? La llamada «maldición de Rocky».

Puede sonar a leyenda urbana, pero en Filadelfia es una tradición que muchos se toman muy en serio. Durante años, aficionados visitantes han vestido la estatua con camisetas, bufandas y banderas de sus equipos, solo para ver después cómo estos terminan derrotados por los equipos locales. La superstición ha trascendido el fútbol americano, el béisbol y el baloncesto, hasta llegar ahora al Mundial.
El caso más reciente ocurrió hace apenas unos días. Aficionados ecuatorianos adornaron la estatua con los colores de su selección antes de enfrentarse a Costa de Marfil. El resultado no fue el esperado: los africanos se llevaron la victoria por 1-0 con un gol de Amad Diallo en los minutos finales.
El episodio fue suficiente para que grupos de seguidores brasileños, como el Movimiento Verde y Amarillo, lanzaran advertencias en redes sociales. «¡Está totalmente prohibido poner una camiseta de Brasil en la estatua de Rocky!», escribieron en Instagram, acompañando el mensaje con imágenes del famoso monumento.

Incluso organismos turísticos de Pensilvania se sumaron a la broma. «Ecuador vistió a Rocky el fin de semana pasado. ¿Coincidencia? La historia dice que no», publicaron en redes, invitando a los visitantes a disfrutar de la ciudad, pero dejando claro que Rocky no necesitaba un uniforme nuevo.
Los brasileños hicieron caso. La estatua permaneció intacta durante toda la jornada, mientras decenas de aficionados preferían imitar la clásica pose del personaje creado por Sylvester Stallone. Para evitar excesos, el monumento incluso fue acordonado y vigilado por personal de seguridad, bautizados por algunos aficionados como los «guardianes de Rocky».
«Este es un momento histórico para Brasil», comentó Lorival Guerreiro, un aficionado que viajó desde la ciudad de Limeira. «Venimos a celebrar a nuestro equipo, pero mejor no tentar a la suerte».

La estatua de Rocky se ha convertido en uno de los lugares más visitados de Filadelfia. Cada año recibe alrededor de cuatro millones de turistas y es casi tan popular como la Campana de la Libertad. Lo que comenzó como un accesorio cinematográfico terminó convirtiéndose en un símbolo de la ciudad y, para muchos, en un amuleto que no debe ser alterado.
Brasil llega al encuentro ante Haití con la presión de conseguir una victoria después del empate 1-1 frente a Marruecos en su debut. Y aunque el equipo de Carlo Ancelotti tiene argumentos futbolísticos de sobra para imponerse, sus aficionados prefirieron no correr riesgos innecesarios.
Porque en una Copa del Mundo todo puede pasar… pero si hay algo que los brasileños aprendieron en Filadelfia es que con Rocky, mejor no jugar.
